Nueva grabación


La historia se abre como un cuadro, por un lado, el cantante, guitarra entre las manos, frente a él un bajista navegando entre sus dedos y el arco, el primer se va cantando a su blues inspirado a más de costumbre por la presencia de ese nuevo instrumento. Es un blues que viene de muy lejos, lleva la nostalgia, la de una época, el viaje con un padre, esa canción no podría sonar mejor que  a diez mil kilómetros de casa. A través de la ventana del hotel pueden ver a Tokio, ciudad eléctrica que no se puede alcanzar, fuera, todos son insensibles al hecho de que el tiempo està suspendido en esa habitación. Un tercio fué allí para capturar el momento, sin adivinar que establece el primer bloque de construcción de este nuevo álbum.

Es ese momento compartido entre Canut y hermanos Boclé al margen de un recorrido por los Gipsy Kings en ​​Japón, que empezó a germinar la idea de un nuevo álbum en solitario. Canut quiso compartir su mundo privado, para honrar a los quienes le han dado forma, en primer lugar de su padre José Reyes, pero también otros grandes artistas como Atahualpa Yupanqui. También quería dar a conocer la diversidad de sus pasiones musicales que van mucho más allá del estilo gitano en el que hemos estado acostumbrados a verlo evolucionar.


Su encuentro con Gildas et Jean Baptiste Boclé fue decisivo. Estos han construido una solida reputación en el mundo del jazz, no se puede contar el numero de grandes figuras con quienes han tocado.

Creadores de un estilo indefinible, que combina el jazz y la pop a las culturas celtas, la fusión es una de las características de su universo musical. Gildas en el bajo y Jean-Baptiste en los teclados han traído la riqueza y diversidad musical que Canut queria destacar.

Estos son los ingredientes de esta obra, la voz singular de Canut, heredero de la gran tradición de la canción gitana, llevada por composiciones y arreglos ricos e inesperados. Este álbum es un reflejo de los músicos que lo han echo, diverso e inspirado. Encontramos el amor de Canut para la música clásica, el requisito y la sutileza de del jazz, los solos tanto febriles y de gran alcance de las gaitas, un universo que varía con las canciones, cada una es una sorpresa.

Grabado en Tokio, París, Arles, Nueva York o Praga, este álbum es un viaje, un viaje musical, llevado con el universo poético y onírico de Canut. 20 años después de su homenaje al Bolero de Maurice Ravel a través de un disco aclamado por la crítica por su originalidad, Canut de nuevo aparece sólo en el cartel, para ofrecernos una grabación como él, donde se puede ver su alma desnuda como nunca la ha revelado.